Los factores de competitividad existentes hoy en día vienen determinados por un estado socioeconómico cambiante que se define a su vez por unos mercados internacionalizados e interdependientes, producto de una mayor conectividad que se deriva del uso de las Nuevas Tecnologías. Ante este entorno, las empresas han de reaccionar y atender a los nuevos criterios competitivos: capacidad de reacción ante los cambios, eficiencia, diferenciación y capacidad innovadora.
Como contestación, las compañías implantan nuevos modelos organizativos basados en su Capital Humano como diferencia competitiva.
La Selección de personal tradicional y por competencias. Nada es tan importante para cualquier organización como el reclutamiento y la selección de su personal. El proceso de reclutamiento implica la atracción de candidatos potencialmente capacitados para desempeñar un puesto dentro de la organización, de modo consecuente con su respectiva selección y contratación.
Los responsables de este proceso dentro de las empresas son cada vez más conscientes de la necesidad de definir las competencias específicas propias de su cultura, definir perfiles "óptimos" en cada área de la organización y realizar la selección en función de la comparación de los perfiles individuales con estos óptimos. La evaluación de competencias nos permitirá establecer criterios objetivos a la hora de seleccionar candidatos externos a un determinado puesto. Para medir las competencias se estudiarán distintas técnicas: La Entrevista, los Assessment Centre que nos ayudan a determinar las estrategias que utiliza la persona en contextos afines a las que se pueda encontrar en su puesto de trabajo y los Test de Personalidad Laboral dirigidos a predecir la conducta laboral de los encuestados.
Texto Extraido de la presentación del master en Gestión y Dirección de Recursos Humanosde Formaselect
jueves 7 de febrero de 2008
Recursos Humanos
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Etiquetas: recursos humanos
jueves 28 de junio de 2007
Los nuevos desafios para el gobierno y la gestion de la universidad
Las universidades españolas tienen que introducir modelos de dirección estratégica para afrontar los desafíos derivados de la creación del espacio europeo de educación superior. La modificación de la LOU no ha abordado cambios en el tema del gobierno y la gestión de las universidades para facilitar los procesos de cambio necesarios y esto puede retrasar o dificultar la implantación de las estrategias requeridas de especialización de las universidades.
Fernando Casani Fernández de Navarrete
Profesor Titular de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
Es imprescindible producir cambios en la forma de gobernar y gestionar las universidades públicas españolas para que cada una de ellas sea capaz de establecer un proyecto académico propio y diferenciado en función de sus propias fortalezas y a través del desarrollo de sus competencias, dado el importante papel que las universidades tienen que jugar en la sociedad y la economía del conocimiento en Europa.
Dentro del “programa de trabajo para la educación y formación 2010”, la Comisión Europea ha generado distintas comunicaciones y recomendaciones sobre la necesidad de adecuación y modernización de las instituciones europeas de educación superior. En su Comunicación de 2003 sobre “El papel de las universidades en la Europa del conocimiento” destaca una serie de aspectos que es necesario abordar, y plantea una serie de cuestiones, relativas a:
Cómo lograr que las universidades cuenten con ingresos adecuados y sostenibles.
Cómo lograr que los fondos se utilicen de la manera más eficaz.
Cómo lograr cierta autonomía y profesionalidad tanto en el ámbito académico como en el de la gestión.
Cómo concentrar suficientes recursos en la excelencia y crear las condiciones necesarias para que las universidades logren y desarrollen dicha excelencia.
Cómo lograr que las universidades contribuyan de forma más adecuada a las necesidades y estrategias locales y regionales.
Cómo establecer una colaboración más estrecha entre universidades y empresas, con el fin de garantizar una difusión y explotación más adecuadas de los nuevos conocimientos en la economía y la sociedad en general.
Cómo fomentar a través de todos estos ámbitos de actuación el Espacio Europeo de Enseñanza Superior coherente, compatible y competitivo reclamado en la Declaración de Bolonia, así como el Espacio Europeo de la Investigación que el Consejo Europeo de Lisboa fijó como objetivo de la Unión en marzo de 2000.
En una nueva Comunicación de 2006 sobre “La agenda de modernización de las universidades europeas”, la Comisión plantea que las universidades europeas, demasiado controladas por el poder público y mal financiadas, no están en condiciones de desarrollar todo su potencial en este entorno de creciente competencia internacional en el ámbito de la educación superior. Europa necesita universidades capaces de desarrollar sus propias fortalezas y diferenciar sus actividades en función de dichas fortalezas, para constituir un sistema articulado en el que se integren instituciones universitarias de renombre mundial y redes de universidades de calidad a nivel nacional y regional.
En este contexto, las universidades europeas y en particular las españolas se enfrentan a un entorno caracterizado por:
Tendencia a la disminución de la importancia de la financiación pública directa en relación a los recursos totales de la universidad.
Modelos de financiación pública en función de objetivos.
Mayor autonomía de las universidades en los ámbitos académicos y de gestión.
Mayor nivel de exigencia y responsabilidad en la rendición de cuentas.
En el caso español, los objetivos de la modificación de la Ley Orgánica de Universidades y el mensaje del gobierno se pueden resumir en una mayor autonomía y responsabilidad para las universidades, que tiene que encontrar su propio camino hacia la excelencia. Esto implica que se tienen que implantar sistemas de gobierno y de gestión más profesionales y rigurosos, que sean capaces de superar la fragmentación de las universidades en facultades, departamentos, laboratorios y otras unidades y encaucen los esfuerzos colectivos hacia la estrategia de la institución, estableciendo las prioridades y especialización en los ámbitos de la investigación, la docencia y la transferencia del conocimiento a la sociedad.
En la comunicación de la Comisión de 20005 “movilizar el capital intelectual de Europa” se establece que las universidades deberían encargarse de:
Fijar sus prioridades específicas a medio plazo (en particular definiendo los tipos o ámbitos de investigación, de enseñanza y de servicios en los que alcanzarán una calidad de alto nivel) y encauzar los esfuerzos colectivos de su personal hacia la realización de estas prioridades;
Gestionar y desarrollar sus recursos humanos.
Definir sus planes de estudios (a condición de que sean aprobados por los mecanismos internos de garantía de calidad y de conformidad con los principios comunes del Espacio Europeo de Enseñanza Superior).
Gestionar profesionalmente sus equipos e instalaciones (propiedad, administración y desarrollo), sus recursos financieros (incluidos presupuestos, inversiones y préstamos) y todo lo relacionado con la comunicación exterior (creación de una imagen de marca).
En un estudio realizado por la OCDE, CERI (2006)[1], se analizan cuatro posibles escenarios para el futuro de la educación superior. Estos escenarios no pretenden predecir el futuro, sino que se definen como “descripciones consistentes y coherentes de distintas alternativas de hipótesis sobre el futuro que reflejan perspectivas diferentes sobre el pasado, el presente y los desarrollos futuros, y que pueden servir de base para la acción”. Son herramientas para reflexionar sobre un futuro que se forjará, en parte, por comportamientos deliberados y, en parte, por factores que escapan al control de los posibles decisores.
El primer escenario se denomina “red abierta”, y en él la educación superior del futuro está muy internacionalizada, mediante la consolidación de grandes redes en las que están integradas numerosas instituciones. Está más basada en la cooperación voluntaria que en la competencia entre las universidades. Los estudiantes tienen mucha libertad para diseñar su propio currículo y pueden elegir sus cursos tanto en el ámbito internacional como en la oferta on-line de cualquier institución. El inglés es la lingua franca para la educación superior. La investigación también se realiza a través de redes de cooperación, aunque e mantiene una estricta jerarquía de instituciones de prestigio investigador que atraen muchos más fondos y proyectos. En este ambiente de colaboración, el conocimiento está a la libre disposición de todos los académicos y estudiantes a través de las modernas tecnologías de la educación.
En el segundo escenario, bajo el nombre de “sirviendo a las comunidades locales”, las universidades del futuro están centradas en satisfacer las necesidades de ámbito nacional o regional. La financiación y la gestión es fundamentalmente pública y solo una pequeña élite de universidades está vinculada a las redes internacionales de investigación de prestigio, mientras que el resto se dedican en mayor medida a la docencia y desempeñan un menor papel investigador. Tienen una mayor relación con la industria local para diseñar programas de formación permanente y juegan un importante papel en la actividad cultural de la población de mayor edad. La investigación en ingeniería y ciencias aplicadas se realiza por el sector público integrado en las redes internacionales y la investigación universitaria se centra en las humanidades y las ciencias sociales para preservar la cultura nacional.
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La Tercera Misión de la Universidad: El reto de la Transferencia del conocimiento
La Tercera Misión de la Universidad: El reto de la Transferencia del conocimiento
En la última década del siglo XX se ha iniciado un movimiento de revisión sobre la misión de la universidad en la actual sociedad del conocimiento, incorporando a sus funciones tradicionales de enseñanza superior y de investigación una tercera que, según las propuestas principales, se basa en el desarrollo de la llamada "tercera misión" en el ámbito de los tres ejes vertebradores siguientes: emprendimiento, innovación y compromiso social. El análisis justificativo y el plan de cómo llevar a cabo la nueva misión con cierto éxito se presenta como un tema de importancia capital en la UE, dados los objetivos planteados para la universidad europea en el horizonte 2020 de una Europa del Conocimiento.
Eduardo Bueno Campos
Catedrático de Economía de la Empresa
Y Director del IADE-CIC de la UAM
Al finalizar el siglo XX surge en el ámbito académico y en el Sistema de Ciencia y Tecnología anglosajón, a uno y a otro lado del Atlántico, pero muy especialmente en el Reino Unido, una corriente de opinión crítica y revisora del papel generalmente aceptado de la Universidad en su función como agente relevante en el Sistema de I+D+I y protagonista del proceso de transferencia del conocimiento tecnocientífico en el mismo, que fue rápidamente seguida por algunos universitarios y científicos de determinados países europeos, básicamente del centro y norte del continente. Además, en ese momento tal posición venía justificada por la nueva concepción que se venía construyendo de la sociedad y su economía basada en el conocimiento, tal y como venían propusieron autores como Bell (1973) y Drucker (1965 y 1993), en coherencia con lo que al final de la pasada centuria los historiadores de la ciencia decidieron bautizar a aquélla como el “siglo de la ciencia” (Sánchez Ron, 2000).
Este nuevo pensamiento, iniciado en la anterior década de los noventa, es el que va a ser objeto del contenido de las páginas de este trabajo, que dadas las limitaciones de espacio presentará de forma sucinta las diferentes aportaciones conceptuales que permitan fundamentar las bases para definir la “tercera misión” de la Universidad, en su visión de agente de transferencia del conocimiento que atesora, así como presentar los problemas de su cuantificación y las líneas básicas del debate abierto sobre el alcance, las perspectivas y barreras que inciden en su desarrollo y los cambios y reformas que requiere el sistema universitario, tanto de la UE, como de determinados países miembros, como puede ser el caso de España.En este sentido hay que recordar las aportaciones pioneras de Sheen (1992), Gibbons et a. (1994), Slaughter y Leslie (1997) y Clark (1998), quienes presentaron las primeras ideas de lo que empezó a denominarse la “tercera misión” de la Universidad; planteamiento que fue asumido de inmediato por la Comisión Europea (1995 y 2000), para formular y desarrollar la nueva estrategia de la UE, orientada a la construcción de La Europa del Conocimiento 2020.En este nuevo enfoque sobre la función de la Universidad se han ido sumando ideas y aportaciones para ir revisando y construyendo el papel a desempeñar para ir por la universidad europea en el Sistema de Ciencia, Tecnología y Sociedad en el siglo XXI o en la actual “era de los intangibles” (Bueno, 2007)
En este sentido, se revisa la función tradicional que ha caracterizado a la Universidad hasta el siglo XIX, como institución de enseñanza superior y de iniciación a la ciencia (Martin y Etzkowitz, 2000). Reflexión crítica que lleva a recordar la aportación que llevó a cabo Ortega y Gasset (1930) cuando abordó, en un conocido ensayo, la “misión de la universidad”; ideas que junto a otras más actuales, ofrecen las bases para definir el contenido y alcance de la “tercera misión” de la institución universitaria. Después de la propuesta conceptual se abordarán, como se ha indicado, los problemas de cuantificación o de definición de los indicadores que faciliten su medida y justificar de su financiación y las reformas necesarias en las políticas, legislación y prácticas que afectan la actividad universitaria europea, que de no llevarse a cabo, pueden provocar que la “tercera misión” solo se quede en un proyecto atractivo pero no ser capaz de responder a la competencia creciente,en términos de I+D+I que proviene de países desarrollados y emergentes al Oeste y al Este de la UE; competencia tecnocientífica que puede afectar de forma negativa al crecimiento y bienestar de la sociedad europea en el siglo XXI.
2. Bases conceptuales de la “tercera misión: Enfoques principales
Revisando la literatura existente se puede elaborar un primer esbozo de las bases que fundamentan la construcción del concepto o de las líneas definitorias de la “tercera misión” de la Universidad, ejercicio que se concretará con la presentación de los enfoques principales, lo cual permitirá seguir alimentando el debate futuro sobre lo que realmente representa dicha nueva misión universitaria en este arranque del siglo XXI. En esta línea argumental hay que concretar que a nivel internacional se ha ido revisando la función principal de la universidad como institución de enseñanza superior, heredera de su aparición en el medievo y que perduró hasta el siglo XIX (Martin y Etzkowitz, 2000). Revisión que se ha ido centrando en la emergencia del “nuevo paradigma” de la universidad emprendedora, fundamentación en la que destacan autores británicos y norteamericanos, como es el caso de: Clark (1998), Gibbons et al. (1994), Slaughter y Leslie (1997) y Ziman (1994).
Pero, llegado este momento, parece obligado reconocer la aportación relevante y precursora que sobre el tema de una nueva misión de la universidad llevó a cabo Ortega y Gasset (1930), cuando en ésta fecha publicó su ensayo sobre La Misión de la Universidad indicando que “en la Universidad reciben la enseñanza superior todos los que hoy la reciben. Si mañana la reciben mayor número que hoy, tanta más fuerza tendrán los razonamientos que siguen. ¿En qué consiste esta enseñanza superior ofrecida en la Universidad? En dos cosas:
La enseñanza de las profesiones intelectuales
La investigación científica y la preparación de futuros investigadores”
En definitiva, para el filósofo español “la Universidad enseña a ser médico, farmacéutico, abogado, economista, administrador público, profesor de ciencias y de letras en la segunda enseñanza...; pero además, “se cultiva la ciencia misma, se investiga y se enseña a ello”.
La enseñanza superior, consiste, en definitiva, en profesionalismo e investigación, si bien para él y en su época "en España la función creadora de ciencia y promotora de científicos está aún reducida al mínimo, pero no por defecto de la Universidad como tal, no por creer ella que no es su misión, sino por la notoria falta de vocaciones científicas y de dotes para la investigación que estigmatiza a nuestra raza"; diagnóstico crudo y pesimista que en los tiempos actuales se ha ido corrigiendo, a pesar de continuar España siendo deficitaria de cultura científica y del reconocimiento social del sobre el papel a desempeñar por la ciencia y por la investigación en la sociedad y que debe llevar a cabo la Universidad.
Asimismo, este autor señaló que a las dos tareas primordiales a institución universitaria, siempre entrelazadas, de l hay que añadir una tercera, ya que el universitario debiera recibir algo de “cultura general” que le permita intervenir en la actualidad, en la sociedad en que vive y que le permita tener ideas sobre el mundo y la humanidad, en sus propias palabras "que pueda estar a la altura de las ideas de su tiempo, tratando los grandes temas de naturaleza cultural, científica, técnica o profesional"
En resumen, Ortega añade que la Universidad debe incorporar a su misión un tercer aspecto que concreta así:
El compromiso con la sociedad y con su tiempo,por lo que ha de depurar un tipo de talento para saber aplicar la ciencia y estar a la altura de los tiempos” (Vid Ortega y Gasset (1937): La rebelión de las masas).
Estas palabras enlazan con claridad con ideas actuales sobre la “tercera misión”, tal y como hoy la entendemos, ya que se orienta, sobre todo, a la necesidad de saber aplicar la ciencia, es decir, transferir el conocimiento a la sociedad, y poder responder a la demanda social de su tiempo que, en esta época, tal y como se ha indicado, se viene concretando en la “función emprendedora y de innovación”, compromiso de la Universidad como agente de creación y transferencia de conocimiento en la sociedad actual.
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